martes, 11 de agosto de 2015

Los Warren

Su verdadera historia

Ed y Lorraine warren, eran un matrimonio que se dedicaron a casos paranormales en los Estados Unidos. Muchos eran totalmente ciertos. Y de estos uno fue el mas sobrecogedor. Recientemente han estrenado una película sobre el. Se llama “Expediente Warren”.


Se conocieron a los 16 años. Se casaron. Tuvieron un bebé. Aparentemente un matrimonio normal. Pero su afición era un poco infrecuente, se dedicaban a “Cazar demonios”.
Ellos no empleaban términos como “actividad paranormal”. Usaban términos como “infestación diabólica”, “monstruosidades de la noche”.
Antes de casarse Ed tuvo que ir a luchar a la Segunda Guerra Mundial. Durante su travesía por el Atlántico norte, el barco se hundió. Sobrevivió. Y a los que lo conseguían les daban un permiso de 30 días. Ed volvió a Connecticut y decidió casarse con Lorraine. Se fue a la guerra y volvió sano y salvo.  

Tuvieron una hija a la que llamaron Judy. Ed decidió que quería ser artista. Le gustaba especialmente pintar casas. Casas encantadas.

–¿Pintar casas encantadas? –le espetó Lorraine.

Ed sabía que existían las casas encantadas por un motivo muy sencillo que había olvidado contar a Lorraine durante todas sus noches de verano tirados bajo la luna masticando hierba y contando estrellas: había crecido en una.
El señor Warren contó en varias entrevistas que a las dos o tres de la mañana, durante su infancia, cuando ya toda la familia dormía, las puertas de su armario se abrían y de él surgían luces flotantes con rostros que lo miraban. El más habitual era el de una anciana cabreada. Y la habitación se enfriaba, y oía susurros, y al minuto estaba durmiendo en la cama de sus padres, parapetado entre las sábanas.

Había crecido sin entender qué era aquello y creyó conveniente dedicar su vida adulta a encontrar una explicación.

Pero eso a Lorraine no la pilló por sorpresa. De hecho, es muy posible que mirase al pobre Ed de modo condescendiente mientras él le revelaba con aire grandilocuente que había visto fantasmas: resulta que Lorraine podía hablar con ellos. Era medium.

Los dos se morían de ganas de pasar el resto de sus vidas juntos e investigando casas encantadas. Aún así, a Lorraine le asaltaba la duda que nos asaltaría a cualquiera y se lo consultó a Ed.

–Por mucho que yo sienta que hay una presencia maligna en una casa, ¿cómo demonios nos van a dejar entrar?
–Tú déjame a mí.

Ed siguió pintando casas. Se sentaba frente a ellas y en su lienzo trazaba terroríficos monstruos y fantasmas que surgían de las puertas y ventanas. Después Lorraine se acercaba al dueño de la casa, que se estaba preguntando desde hacía horas qué hacían aquellos jovencitos lunáticos allí, y le ofrecía el cuadro.

–Mi marido ha pintado esto. ¡Mire lo que ha visto!
–AY, ¡DIOS MÍO!

Muchos dueños, horrorizados, dejaban que Lorraine y Ed entrasen en su casa. No les fue demasiado mal porque muy pronto, en 1952, formaron la New England Society for Psychic Research –que aún funciona, creo–. Era la primera asociación dedicada a investigar fantasmas y a buscar demonios, porque los Warren creían firmemente en los demonios (él, de hecho, aparecía en su carta de presentación como demonólogo).
Todo les fue muy bien investigando unas vocecitas en el salón por aquí y a una niña muerta que buscaba la luz por allá. Hasta el 13 de noviembre de 1974. Ese día la madre de Ed Warren se murió. Llevaba 22 años sobrellevando un cáncer que se suponía terminal y tras cuyo diagnóstico le habían dado seis meses de vida, pero que (según Lorraine) soportó durante más de dos décadas gracias a los rezos de su hijo y su nuera.

El Caso Perron
La casa maldita de los perron 

Roger y Carolyn Perron compraron la casa de sus sueños en los meses de invierno de 1970. Lo que no sabían es que esta casa iba a estar llena de auténticas pesadillas. Como mucha gente, estaban muy contentos de estar viviendo en una casa llena de historia y estaban ansiosos de criar a sus cinco hijas en un lugar tan idílico. Pero la realidad, es que la casa estaba llena de agonía y muerte. Dos antiguos residentes de la casa se ahorcaron ellos mismos de una de las vigas del granero. Sin embargo, una vez que la familia Perron empezó a vivir en la casa, comenzaron a ocurrir situaciones más allá de lo comprensible.

“Era un lugar extraordinario . Empezamos a ver espíritus, tan pronto como nos mudamos a la casa. La mayoría de ellos eran benignos, incluso algunos de ellos ni siquiera parecía darse cuenta de que estábamos allí, pero la verdad es que ocho generaciones de familias vivieron y murieron en esa casa antes de nuestra llegada, y algunos de ellos nunca se fueron”, según explico Andrea.
Al principio muchos de ellos parecían ser inofensivos, como una entidad que olía las flores y las frutas, el que deba un beso de buenas noches a los niños en la cama cada día, o el espíritu que siempre cogía una escoba para barrer el suelo de la cocina. Todo lo que se refiere a fenómenos paranormales en una casa parecía estar sucediendo a la familia Perron, así como objetos que se movían por su cuenta, misteriosos golpes en las puertas, o extraños susurros durante toda la noche. Según explicó la familia, probablemente el fenómeno más aterrador era el sonido de algo que tenía la costumbre de golpear la puerta principal de la casa por la noche, despertando a toda la familia. Había, obviamente, algunos espíritus muy perturbados conviviendo con los Perron.
“Uno de los espíritus se llamaba ‘Manny’, él era un alma compasiva. Creemos que en realidad era Johnny Arnold, que se suicidó en el granero de la casa en el 1892. Vigilaba la casa y cuidaba de nosotros. Siempre se aparecía en el mismo lugar, en el pasillo del frente entre el comedor y la cocina. La aparición fantasmal siempre se apoyaba contra la puerta y ponía una sonrisa torcida como si él se estuviera divirtiendo con los niños. Tan pronto como lo veíamos e hacíamos contacto visual, él desparecía.”
La familia Perron 

Lo que es muy interesante es que cada miembro de la familia en realidad veía a uno de estos espíritus errantes por toda la casa. Pero no fueron los únicos en experimentar todo estos fenómenos, porque la familia que vivió en la casa antes de los Perron también compartieron fenómenos ciertamente aterradores:

“Todos los que han vivido en la casa que conocemos han experimentado algún tipo de fenómenos sobrenaturales”, dijo Perron. “Algunos incluso han salido gritando y corriendo temiendo por sus vidas. Un hombre que se acercó para comenzar la restauración de la casa salió gritando, sin su coche, sin sus herramientas, sin su ropa. Nunca regresó a la casa y por lo tanto los propietarios de tierras adyacentes, se mudaban abandonando sus hogares”.

En la actualidad, Los Perron recuerdan perfectamente las característica s de las entidades que veía. A veces, los espíritus parecían opacos, aparentemente sólidas, y otras veces eran translúcidos o en forma de niebla. También afirmaron que los espíritus se comunicaban con los miembros de la familia, pero no era a través del habla, sino con la telepatía. Cindy, una de las hermanas de Andrea, lo describió como estar “en una burbuja”. El aire se comprimía y de repente se quedaban sin poder moverse o hablar, solamente escuchar lo que el espíritu estaba tratando de decir.
El matrimonio Warren investiga el caso.
Después de sufrir todo estos episodios, que en algunos casos eran violentos, Roger y Carolyn Perron se pusieron en contacto Ed y Lorraine Warren, unos investigadores paranormales. Los Warren hicieron una investigación de la actividad sobrenatural en la casa mientras la familia vivía allí, en un intento de ayudar a los Perron. Durante una sesión de espiritismo, algo salió ciertamente mal, despertando y evocando una terrible presencia, que la señora Warren tenía la creencia de que se trataba de Bathsheba, que la describió como un “alma olvidada de Dios”.

Bathsheba quería el control sobre Carolyn Perron, ya que el espíritu se creía la dueña legítima de la casa. Pero el espíritu deseaba a Roger y codiciaba a los cinco hijos. Carolyn explico que el espíritu se le acercaba por la noche y la describía como un ser con una cara espantosa, deforme y con el cuello roto. Según la leyenda local y el folclore, Bathsheba era sospechosa de ser una bruja practicante y fue acusada de sacrificar a un niño lactante como una ofrenda a Dovahkiin, el diablo encarnado. Más de dos docenas de muertes misteriosas y trágicas ocurrieron en la propiedad, peor a pesar de que fue absuelta de toda culpa en una sala de justicia ella siempre fue culpable ante la opinión publica. Bathsheba vivió una vida miserable y murió anciana en 1.885 de una extraña forma de parálisis, que según el médico forense que la examinó dijo que era “impresionante y completamente inexplicable”

A pesar de la ayuda de Ed y Lorraine Warren, acabaron perjudicando a la familia. Los Perron se quedaron en la casa durante diez años más antes de poder marcharse definitivamente, pero los horribles fenómenos que ocurrieron dentro de las paredes de la casa se quedaron con ellos para siempre. Obviamente, esto es solo una parte de lo sucedido a la familia Perron, que el joven director James Wan ha plasmado en su película “Expediente Warren: The Conjuring”.
El caso de Amityville
Según Ed y Lorraine el certificado de defunción de la señora marcaba como hora de su muerte las tres y cuarto de la madrugada. Resulta que ese mismo día y a esa misma hora, en una casa de un condado de Nueva York, un chalado asesinó a los seis miembros de su familia con un rifle.

El chalado se llamaba Ronald DeFeo. Era este:


La casa donde ocurrió, situada en un bonito condado llamado Amityville, era esta:


Pero todo esto no lo supieron Ed y Lorraine hasta que trece meses después los nuevos habitantes de la casa, la familia Lutz, recurrieron a ellos porque su hogar se había convertido en la casa del terror del parque de atracciones: voces, olores, portazos, sangre, apariciones, levitaciones, cambios de temperatura. Junto a sus crucifijos, cámaras de infrarrojos y toda la parafernalia que solemos utilizar para luchar con los demonios, los Warren se llevaron un complementito más: unos cámaras y reporteros de una tele de Nueva York llamada Channel 5.

George Lutz era el propietario de la casa y afirmaba haber vivido los pavorosos acontecimientos que ya conoce cualquiera que haya visto las diez películas que inspiraron aquellos hechos –y para quien no los conozca se los resumo: todos, allí ocurrieron todos los hechos terroríficos que aparecen en los libros–. El tal Lutz podía mentir o no mentir, pero de tonto no tenía un pelo y registró como marca el término The Amityville Horror™. Desde aquí estoy muy a favor, que conste. Si realmente vivió junto a su familia aquel infierno se merece todos los beneficios económicos posibles. Y si tuvo el talento de inventárselo todo, mucho más.




El matrimonio Lutz.
Resulta que gracias a los Warren y sus investigaciones –que dieron lugar, por ejemplo, a esta célebre fotografía del supuesto fantasma de un niño terrorífico y demoníaco– el caso de Amityville se hizo famoso en Estados Unidos y, tras unos cuantos libros y películas, se convirtió en la casa encantada más célebre del mundo. El ayuntamiento de Amityville, aún a día de hoy, se niega a hablar a la prensa de este asunto y ha cambiado la dirección del inmueble para espantar a los curiosos.